De la memoria

Recuerdo haber leído un cuento de Borges, creo que aparece en Ficciones, que trata de Funes, un tipo que guarda memoria de absolutamente todo, cada detalle de cada cosa, cada tono de cada sonido, cada matiz de cada olor. Por su profusa memoria construye un mundo infinito en su mente, un mundo que por vasto es un monstruo deforme e ilimitado. El ejercicio acá es buscar lo contrario, hacer presente la memoria real y palpable, la que se rompe y se fragmenta en episodios que muchas veces, rellenados por la imaginación, terminan siendo completamente distintos a los que ocurrieron en la realidad del tiempo y el espacio limitados a un pasado. Sin embargo, nosotros les damos nueva forma y los recordamos de manera inconexa, insolvente e imprecisa, le otorgamos una nueva realidad, intangible y, por lo mismo, infinita.
De la literatura, como de todos los recuerdos, queda la trama y las sensaciones producidas mientras se leía. La primera tiende a sintetizarse cada vez más a medida que pasa el tiempo, hasta olvidarse casi por completo si no hay re lectura. Las sensaciones permanecen, como los sonidos u olores de otros recuerdos, y a partir de éstas (que pueden haber sido provocadas por la misma lectura o por factores externos que en el tiempo se unifican a la misma) reconstruimos la trama con poca fidelidad para la obra real, pero con gran exactitud para la que permanece en nuestro yo.
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