La condena de Madame Bovary

Cuando tenía trece años (o doce, da igual) intenté leer Madame Bovary, mi poco bagaje literario me hizo imposible terminarla, la abandoné cerca de la página ciento veinte y la consideré por años una novela aburrida y sobrevalorada. Aún hoy (muchos años después) las interminables descripciones llaman al sueño pero, sin duda, la mirada que se puede plantear frente a la novela es completamente distinta. Es que Madame Bovary exige un camino por la literatura, y, sobre todo, por la vida.
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¿Por qué tan rebelde?


Hiende el cielo, y cual águila trabando
del cabello al impío, el Ángel fuerte
le sacude: “-¡Tendrás que someterte!
Soy tu Ángel bueno, ¿sabes?, y lo mando.
Tienes que amar, de mofa vil sin sombra
al pobre, al necio, al malo, al contrahecho,
para que, al paso de Jesús, tu pecho
tienda de caridad brillante alfombra.
Tu corazón no gastes: en ofrenda,
dáselo a Dios: en él su fuego prenda,
¡sólo placer de encanto duradero!”
Y el Ángel, tan furioso como amante,
le castiga con puño de gigante.
Pero él responde sin cesar: “-¡No quiero!”
          Charles Baudelaire, “El Rebelde”

Algunos poemas del Genji Monogatari

En la sociedad japonesa de la época Heian era moda y signo de cultura y distinción incluir poemas tanto en cartas como en conversaciones de toda índole, aunque ciertamente con más profusión en las lides amorosas. Se distinguía como persona culta y discreta (en el sentido clásico de la palabra: juicioso) a quienes eran capaces de improvisar y componer los poemas más bellos, e incrustarlos de manera precisa en el tema de la charla o en el tenor de la misiva. Por lo tanto en el Genji Monogatari los poemas abundan como parte constitutiva casi de cada dialogo y de toda la correspondencia. Aclaro que cada grupo de cuatro versos es un poema distinto. Para muestra, por supuesto, algunos ejemplos:

Tres damas, tres muertes.

Se considera al Genji Monogatari la primera novela en el sentido moderno. El tratamiento de los personajes en su desarrollo psico-social, el uso magistral del tiempo y el espacio psicológico, sobreponiéndolo al físico, entre otras virtudes, respaldan esa aseveración. Se ha escrito y comentado que sería la primera novela psicológica, tal vez; pero nuestros cánones modernos occidentales de clasificación antojadiza que, difícilmente, dan el tono en la literatura occidental, no alcanzan a abarcar el rico mundo espiritual de oriente. Yo diría que el Genji, más que una novela psicológica (o además de serlo) es una novela espiritual. Relata, entre muchas otras cosas, el viaje de un hombre disoluto, juvenilmente irresponsable, un conquistador irresistible, que vive en un mundo refinado, ingenuo y superficial, hacía la madurez. Sí, psicológica, pero también, y quizás mucho  más importante en Oriente, espiritual.