Tres damas, tres muertes.

Se considera al Genji Monogatari la primera novela en el sentido moderno. El tratamiento de los personajes en su desarrollo psico-social, el uso magistral del tiempo y el espacio psicológico, sobreponiéndolo al físico, entre otras virtudes, respaldan esa aseveración. Se ha escrito y comentado que sería la primera novela psicológica, tal vez; pero nuestros cánones modernos occidentales de clasificación antojadiza que, difícilmente, dan el tono en la literatura occidental, no alcanzan a abarcar el rico mundo espiritual de oriente. Yo diría que el Genji, más que una novela psicológica (o además de serlo) es una novela espiritual. Relata, entre muchas otras cosas, el viaje de un hombre disoluto, juvenilmente irresponsable, un conquistador irresistible, que vive en un mundo refinado, ingenuo y superficial, hacía la madurez. Sí, psicológica, pero también, y quizás mucho  más importante en Oriente, espiritual.
Hay tres puntos de inflexión en el Genji, que golpean a su protagonista, los tres relacionados con el amor y la muerte, quizás las dos circunstancias más inevitables e importantes en la vida espiritual humana.  Primero la muerte de Yugao, dama de clase baja, que cautiva a Genji por el misterio que le da el pertenecer a una clase inferior a la suya y por la estoica dignidad de ésta. Muere una noche que Genji se la lleva a una de sus mansiones, y es acosada por el espíritu de la celosa Rokujo (amante del mismo), el cual la lleva a la muerte. Genji no culpa a Rokujo, sino a sí mismo de esta muerte, pues él es el responsable de provocar los celos en su amante, pues, por estar con Yugao, la había dejado a un lado. Afectado por los sucesos Genji se retira a un monasterio a meditar sobre los hechos de su vida. En este monasterio conoce a Murasaki, la niña que se llevará con él para “moldearla a su gusto” y luego convertirla en su esposa. Una de las cosas que aprende de la muerte de Yugao, es que sus acciones, buenas o malas, siempre tienen consecuencias, las cuales pueden ser trágicas si provienen de la irresponsabilidad.
Años más tarde Genji es golpeado por una segunda muerte trágica, la de Aoi, su primera esposa, y con la cual nunca se llevó bien. De hecho, siempre parece más dispuesto a  permanecer al lado de otras damas antes que con su esposa, la cual, por este motivo, lo trata fríamente, lo que a su vez es el motivo para que Genji no quiera estar con ella. Este círculo se rompe con la muerte de ella al dar a luz a su hijo Yugiri. Aoi ya estaba enferma antes del parto, y sobrevivió a éste sólo unos días, murió atacada por espíritus malignos, y nuevamente los celos incontrolados de Rokujo parecen ser la causa, pues ésta había soñado que remecía a Aoi y que la maltrataba. Los últimos días de Aoi, Genji permaneció a su lado, intentaba entender por qué nunca pudo convivir con ella, y, mientras se consumía la vida de la dama, éste la apreciaba con nuevo cariño. Luego de permanecer varios días con Aoi, Genji debe visitar a su padre, el emperador, se despide y ella “se quedó mirándole como no lo había hecho nunca”. No la vuelve a ver con vida. Al igual que la vez anterior, Genji sabe que Rokujo está detrás de los hechos, sin embargo es él quién se culpa, por “las terribles desgracias que puede provocar un amor incontrolado” Genji permanece varios días sin salir, llorando y orando, tan afectado que piensa en abandonar el mundo y vestir hábitos de monje, sin embargo el recuerdo de Murasaki, que lo espera en su palacio, lo disuade.
La tercera muerte es la de la propia Rokujo. Luego de la muerte de Aoi, las relaciones con la dama se habían enfriado al punto que con el tiempo se convirtieron sólo en dos viejos amigos. Ella había acompañado a su hija al templo de Ise donde había sido nombrada Gran Vestal (principal sacerdotisa shintoísta). Tras la muerte del viejo emperador, el cargo había cambiado y Rokujo volvió a su palacio retomando su vida, sólo Genji permaneció lejos, primero exiliado por el nuevo emperador, y luego alejado por las relaciones ya rotas. Al tiempo Rokujo cae enferma, sabe que va a morir, y Genji la visita en su lecho, ella le encomienda a su hija Akikonomu, para que la posicione en la sociedad, tras esto se despide con cariñosas palabras. Una semana después de la visita muere.
Estas tres muertes conmueven profundamente a Genji y hacen que se replantee toda su forma de vida. Si bien nunca había abandonado a ninguna de sus damas, decide protegerlas personalmente y las traslada a todas a un palacio que construye especialmente, donde podrá ocuparse de las necesidades de cada una de ellas.
La muerte hace que Genji madure espiritualmente, si bien no abandona su estilo de vida, se hace menos disoluto, más responsable por quienes le rodean, y valora la vida como algo efímero que se escapa de las manos cuando menos lo esperas.
Obviamente en una novela tan extensa como el Genji Monogatari, los ejemplos y lecturas posibles son muy diversas, sólo he querido plantear una lectura a partir de la muerte de tres personajes, diversos y distintos en su relación con el protagonista, pero que causan efectos similares con su deceso ya que, junto con Murasaki y la dama de Akashi, son las mujeres más importantes en la vida del protagonista.
Nota: El tema de los nombres en el Genji Monogatari es extenso y no lo trataré acá. Baste decir que los personajes carecen de nombres particulares y son nombrados por alguna característica que los identifique. Difieren, por lo tanto, en las diversas traducciones. Yo utilizaré los propuestos por Xavier Roca-Ferrer, en su versión para Ediciones Destino ya que, al mantenerlos en japonés, gana mucho en prolijidad y facilita la lectura.
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