La falacia del "correcto" lenguaje: el contexto social

La forma de utilizar la lengua y lo que se percibe de ella está fuertemente ligada al contexto social en el que esté ubicado el hablante. Esto hace que las normas que establecen lo que es considerado “correcto e incorrecto en el uso de la lengua”(1) sean siempre subjetivas. La presión que ejerce la sociedad en el lenguaje hace que, por ejemplo, un modismo no signifique lo mismo en una región u otra, e incluso en clases o contextos sociales distintos dentro de una misma localidad. Esto ocurre porque la lengua, de todas las instituciones sociales, es la que “… nos acerca más alos orígenes de la sociedad, por ser la más instintiva, la mástradicional, en fin, la que más fuertemente se impone a los individuos.”(2)
Nuestraforma de utilizar el lenguaje, y de considerar lo que es correcto e incorrecto dentro de éste, permanece sujeta, como dijimos, a fuertes presiones sociales. De las muchas que existen (y que, de enumerarlas, harían muy extensa esta entrada) haré referencia a las dos más importantes: la presión que ejerce la sociedad a través de diversos grupos y clases sociales, y el condicionamiento del lenguaje a un modelo al cual se le atribuye autoridad.
La presión de los grupos sociales en los cuales se relaciona el hablante, hace que este adopte distintos modos de utilizar el lenguaje, sin considerar ninguno más correcto que otro, sino que los utiliza de acuerdo al contexto y a la situación. De este modo un solo hablante puede referirse en ciertos términos en un contexto y considerarlo correcto, y en otros, completamente distintos, en una situación diferente, utilizar otros términos (incluso opuestos a los anteriores) y de igual manera considerarlos correctos. Sin embargo lo que un hablante A considera como un lenguaje correcto de utilizar en una situación B, podría ser considerado incorrecto, por el mismo hablante, en una situación C. Esto lleva a que un mismo hablante esté constantemente
modificando su forma de utilizar las herramientas lingüísticas, lo que hace completamente subjetiva su visión acerca de un lenguaje correcto. Puede ocurrir, sin embargo, que dicho hablante considere que una de las formas de hablar que utiliza sea la más correcta de todas, pero aún así no discrimina a las otras, pues no deja de considerarlas apropiadas para ciertos momentos.
Una forma más amplia de ejercer la presión social en el lenguaje, es la que se da en las distintas clases socioeconómicas y culturales de una sociedad. Está claro que, dependiendo de la clase social en la cual se desenvuelve, el individuo utilizará tal o cual lenguaje que será, por cierto, distinto al utilizado en las otras clases. En este caso cada clase social considerará que su forma de hablar es la más correcta, discriminando a las otras con diversos fundamentos: un hablante de una clase social alta aprobará su forma de utilizar el lenguaje por
considerarlo más culto, argumentando la educación más rica a la que tuvo acceso gracias a su condición; en cambio, un hablante de una clase social baja dirá que su forma de hablar es la correcta por considerarla más espontanea, pues es fruto de la vida misma y no de libros.
Puede darse, también, el caso de que un hablante situado en una clase social considere el lenguaje utilizado por otra clase como correcto, y reniegue del que comúnmente utiliza, esto es más frecuente en las clases sociales bajas, pues es ahí donde el lenguaje tiene menos fundamentos, y donde podría considerarse a la clase alta como un modelo superior a seguir. En el caso de un individuo perteneciente a la clase media, este adoptará el sistema de lenguaje de la clase social con la que más se relaciona, y aquí debemos tener en cuenta que muchos sociólogos no consideran a la clase media una clase como tal, sino una graduación de
las clases baja y alta, lo cual explicaría esta adopción de un tipo de forma de lenguaje.
Otra forma de influencia en el lenguaje que recibe un individuo es, de algún modo, auto impuesta, pues se trata del condicionamiento del lenguaje que hace un hablante a un modelo considerado superior y, por lo tanto, más correcto. Se relaciona principalmente a la etapa de aprendizaje del lenguaje por parte de dicho hablante, este caso es reconocido por Charles Bally en su estudio titulado El lenguaje y la vida, del cual es bueno recalcar esta cita aclaratoria:
“Por lo general sin
saberlo, imitamos a todos aquellos que gozan de una autoridad o que
ejercen sobre nosotros un ascendiente: parientes, amigos, representantes
de una clase superior, de una minoría selecta, etc. Hemos hablado antes
del maestro de escuela: gracias a su función o a su personalidad, su
lenguaje, bueno o malo, que forma cuerpo con él mismo y adquiere valor
simbólico, se infiltrará en los cerebros al mismo tiempo que sus gestos y
sus actos; el cuño de este lenguaje será infinitamente más durable que
las enseñanzas de manual que inculca a los escolares.”
Queda claro que está forma de presión social al lenguaje es la más duradera e intrínseca y que, cualquier intención de cambiar el modo de utilizar el habla estará sujeta a esta, pues será este primer modelo de hablante, el maestro de escuela, los padres, o cualquier otro que ejerza
una fuerte influencia primera sobre el hablante, el que será más difícil de abandonar, porque son nuestros primeros conocimientos y acercamientos a la vida los que nos dejan más profundamente marcados.
Vimos aquí que las formas de utilizar el lenguaje, y de considerar lo correcto e incorrecto de este, aparecen siempre influenciadas por distintas presiones sociales, lo que hace que cualquier juicio acerca de la forma de usar la lengua de cualquier individuo, incluso de uno mismo, sea siempre subjetiva, y esté siempre ligada a las presiones antes mencionadas. Por lo tanto aún se está lejos de lograr un acuerdo real acerca de cual es el lenguaje que debería considerarse como más correcto y, todo lo que existe hasta ahora en ese ámbito son sólo convenciones entre diversos grupos de hablantes. Vale la pena, por lo tanto, detenerse a pensar cuál es la esencia verdadera del lenguaje humano, quién realmente crea el idioma, cuándo realmente nace una palabra nueva, si acaso la palabra nace cuando es aprobada por la Academia o cuando es ampliamente utilizada por los hablantes. Basta prestar oídos alrededor
para darse cuenta que la creación de nuevo léxico por parte de los hablantes va siempre mucho más rápido que la aprobación de este por parte de la RAE o el organismo pertinente, por lo que se debe tener sumo cuidado al calificar una forma de utilizar el lenguaje como correcta en desmedro de otra, pues no se sabe cuando esta última podría ponerse de moda y pasar a formar parte de la regla. Ante todo hay que recordar que el lenguaje es como un ser vivo en constante evolución, cada día nacen nuevas palabras y otras caen en desuso y sólo quedan petrificadas en el cementerio de los diccionarios. Si no fuera así todos seguiríamos hablando latín, pues las “deformaciones” que alguna vez dieron personalidad y nacimiento a los idiomas “romances”, también fueron consideradas sacrilegios por los puristas de la época (que en ninguna faltan). Mientras seamos capaces de entendernos medianamente… y si no, bueno, es el precio de utilizar una lengua viva.
1 Eugenio Coseriu, Competencia lingüística y criterios de corrección. Apuntes del curso intensivo de perfeccionamiento. Ed. por Alfredo Matus y José Luis Samaniego, Santiago 1993.
2 Charles Bally, El lenguaje y la vida cap. V p. 195. Ed. Losada, Buenos Aires.
3 Charles Bally, El lenguaje y la vida cap. V p. 210-211. Ed. Losada, Buenos Aires
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