Otra vuelta de tuerca y la herencia del terror

Otra vuelta de tuerca de Henry James, atrae al lector a un mundo que parece no tener tiempo, pues la única certeza es el tiempo cronológico (algún momento dentro de la época victoriana), el cual en realidad no parece importar mucho, pues el tiempo se detiene durante toda la historia y, pese a las constantes alusiones de la protagonista a los días y las semanas, éste permanece en suspenso. Esto lo logra James gracias a la intrusión de un discurso oculto, donde los personajes parecen leerse la mente y no comunican nada de lo que realmente piensan, presentando solamente las situaciones, pero dejando que el lector sea realmente quien las resuelva, presento un ejemplo de esto: “Y luego, sí que me imaginé algo, y todavía me imagino. Y lo que me imagino es espantoso.

– No tan espantoso como lo que imagino yo.” (James2, 165).  Este tipo de diálogo se da cuando el lector debe enterarse de algo importante, lo cual crea un desconcierto ante lo desconocido y lo posible, que atrapa al lector y lo utiliza como mecanismo de narración. Esta forma de discurso, dado sobre todo en el segundo narrador de la historia, expresa una polifonía fuera de lo común, ya que no está dada por ecos de otros textos (más adelante veremos que esto no es absoluto dentro de la narración), sino por un personaje que refleja dentro de sí ecos cargados de historia victoriana y de temores cósmicos y psicológicos. La polifonía no se refleja entonces en el argumento total del libro, sino en un sólo personaje siendo los otros simples entes que, tal vez están ahí, o tal vez sólo existen dentro de la mente de esta institutriz, pues todos, salvo ella, carecen (o parecen carecer) de razón y lógica, conceptos filosóficos absolutos por muchos siglos, pero que en tiempos de James comenzaban a decaer a manos de Kant y todos los que le sucedieron. Por lo tanto, estos personajes, como representación de los conceptos que oponen, son incapaces de actuar fuera del mundo de esta mujer, no existen sino bajo su mirada. Pero ya dije que la polifonía existía, dentro de un personaje, pero ahí está, y dicha polifonía tiene dos claros antecesores, la novela victoriana y las narraciones de terror cósmico y psicológico.
En la novela victoriana el hecho de presentar todas las reglas y protocolos de una parte de la sociedad que controlaba las vidas de todos creaba una reacción de ridiculez sobre éstos, pues permitía criticar y reírse gracias a la realidad reflejada en un espejo. Dentro de Otra vuelta de tuerca la sociedad victoriana esta reflejada en la manera de actuar, de pensar, de comportarse, de “ser” de la institutriz que nos revela todo indirectamente, temiendo ser muy obvia y perder así su respetabilidad de señorita, pero para quien lee en sus acciones más que en sus palabras termina siendo un libro no sólo abierto, sino que releído. Entonces, lo victoriano se presenta como algo rancio, podrido dentro de sus propios muros, lleno de fantasmas y terrores mitológicos que nada tienen que ver con la lógica y la razón victoriana de la época de la luz. Por lo tanto lo victoriano al ser impregnado de estos temores, que estallan en una mujer, hace que James no sólo se ría de ello, sino que lo haga utilizando los terrores más ocultos del ser humano: extrapola elementos del terror cósmico y los mezcla con un terror absolutamente psicológico.
Encontrar los verdaderos orígenes del terror cósmico es una tarea de varias vidas. Algunos aseguran que éste comienza en el siglo XVII con la aparición de Ana Radcliffe, Sherindan Le Fanu, Bram Stoker, entre otros. Otros se desvelan por remontarlo a la época sumeria, con los supuestos primeros “Mitos de Cthulhu” o bien a los primeros años de la unificación árabe con el esquivo e inquietante Necronomicón “ Ellos fasta que tornen otra vegada los bientos é las Vozes que ante los llebaron é Lo Que Caminó sobre los Bientos del Mundo…”(Lovecraft, 15), sin embargo lo único que ha sido probado, hasta ahora, es que el Necronomicón es una creación de Lovecraft y todo el mito que le rodea y la supuesta historia no es más que un juego de éste para darle credibilidad a los “Mitos de Cthulu”, que son creación de él y su “círculo” (hasta que no se pruebe lo contrario) “Cada uno de sus amigos puso su granito de arena: el uno inventó un nuevo dios; el otro, un nuevo libro de oscuro saber olvidado; el de más allá una situación, un detalle, un ambiente. Los Mitos de Cthulu son, pues, obra colectiva que cristalizó en torno un hombre solitario”(Llopis, 22). Una tercera teoría, por la cual me inclino hasta que no tenga en mis manos el primer Necronomicón, declara que el terror cósmico es producto de una evolución narrativa de las primeras historias, provenientes de los inicios de la humanidad, que hablaban de dioses demonios y de espíritus malignos, las cuales permanecieron ocultas a la escritura por mucho tiempo y luego, con las historias de fantasmas del romanticismo fueron retomando cuerpo hasta convertirse en lo que hoy conocemos por terror cósmico, esto gracias al vuelco que dio en el mundo de la literatura de horror el francés Arthur Manchen y al apogeo que logró con Lovecraft y su llamado Círculo de Lovecraft. El terror psicológico es inherente al cósmico, tememos a lo que desconocemos y lo primero que desconocemos es a nosotros mismos. Si este terror mezcla de cósmico y psicológico (podríamos llamarlo ambiental pues permanece tanto dentro como fuera del personaje) se presenta en una frágil mujer, contratada por un libertino millonario para cuidar unos niños en un lugar aislado y, más aún, debe hacerse cargo de todo y estos niños no son todo lo “normales” que parecen, el terror se vuelve fuente de expresión, se torna “alcahuete” de sensaciones y sentimientos reprimidos por la sociedad rígida e hipócrita, reflejando James sus propios miedos de niñez (la historia parece situada en los años cuarenta del siglo diecinueve, época de la niñez de James).
Pero no sería justo dejar esto aquí sin antes señalar que Otra vuelta de tuerca más que reaccionar o reírse de un modelo social imperante, reacciona y se ríe de la decadencia inevitable de éste. No es casualidad que haya sido un obispo quien contara a James la historia que luego adaptaría “… hizo una visita al arzobispo de Canterbury, Edward White Benson, en su mansión de Addington (…) entre dos tazas de té abordó el tema de los fantasmas, “esas formas bellas y perdidas”, dijo, y contó algo de lo que había oído hablar mucho tiempo atrás, la historia de dos niños que vivían en un lugar solitario y que eran acosados por los espíritus de antiguos sirvientes perversos…” (Seymour, 86) Este relato impresionó mucho a James que vio en el la oportunidad de reflejar sus propios temores, por lo cual se sintió profundamente fascinado “La historia es demasiado oscura e inacabada, pero inspira la realización de un efecto extrañamente horripilante” (James, 162). El que un obispo crea en una historia de fantasmas podría tomarse como un indicador de que el cristianismo fanático victoriano está en crisis (años atrás hubiera sido quemado por tal historia).
En conclusión la historia que presenta Otra vuelta de tuerca actúa en dos frentes, el social, como burla y reacción a la sociedad y las costumbres victorianas de la época, y la psicológica representando los temores del propio autor, pero ambos frentes no son excluyentes, sino que se relacionan y juegan con los miedos humanos que afloran cada vez que el hombre es reprimido por sus propias reglas.

Bibliografía 
Alhazred, Abdul. El necronomicón, Madrid: Edas, 1981.
James,Henry. Cuadernos de notas (1878-1911), Barcelona: Península, 1989.
James,Henry. Otra vuelta de tuerca, Barcelona: Planeta, 2000.
Seymour, Miranda. A ring of conspirators: Henry James and his literary circle, 1895-1915, Londres, 1988.
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