Reflexión acerca de la 2° carta del Teniente Mamiya a Tooru Okada

 

“La luz brilla durante un limitado y brevísimo espacio de tiempo en el acto de vivir. Quizás sólo unas decenas de segundos. Una vez se ha ido, si has fracasado en el intento de alcanzar la revelación que se te ofrecía, no tienes una segunda oportunidad. Y luego deberás pasar el resto de tus días dentro de una profunda soledad sin esperanza ni remordimiento. En este mundo del crepúsculo, la persona ya nunca podrá esperar nada. Lo único que poseerá serán los restos efímeros de lo que pudo haber sido.” (Murakami, 295)

La vida puede durar sólo un instante. Desde el nacimiento el ser humano se prepara para un único momento que, inevitablemente, siempre llega. Y cuando llega puede estar lo suficientemente preparado para verlo, de otro modo lo pasará por alto. A su vez, al verlo, puede aceptar o no la revelación.

Si acepta la revelación será el fin de su camino, de su búsqueda. Hallará la vida eterna que reside en su alma, será el héroe que, luego de completar su viaje, regresa cargado de dones. Podrá vivir aún en la tierra, pero su alma ya estará en la eterna iluminación. Si, por otro lado, reniega de la revelación, o no la ve, vivirá sólo para completar su limitado tiempo y pagar su castigo en la desidia del “no ser”, hasta que en su próxima vida se le planteé nuevamente la elección.

 

 

Biografía

MURAKAMI, HARUKI. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Maxi-Tusquets editores. Bs. Aires, 2011.

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