Hay casos en que la serie es mejor que el libro

No siempre la máxima de que el libro es mejor que su adaptación al cine o la televisión es certera. Hay veces en que la narración es tan visual, tan cinematográfica, que el efecto en la pantalla es mucho  más satisfactorio que en las páginas. Es lo que ocurre con la saga Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, también conocida como Juego de Tronos, por el título de la primera novela. Debo confesar que sólo he leído la primera entrega, y que he visto las dos temporadas de la serie que emite HBO. También debo reconocer que no estoy muy convencido de leer la segunda. No es que el libro sea realmente malo. Está muy bien escrito, mantiene un buen ritmo y juega muy bien con la tensión de las situaciones. No es una obra maestra, pero como lectura de entretención funciona.

Sin embargo, se nota demasiado que Martin, antes que novelista, es un guionista con oficio. Maneja muy bien los escenarios grandilocuentes, los acercamientos intimantes y las escenas efectistas que tanto gustan al cine y la televisión norteamericana. Y el libro tiene demasiado de eso.  Tanto que al final, al terminarlo, queda la sensación de que vale más la pena ver la serie, y dejar el tiempo de lectura para otras obras.

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