La comunidad secreta

 Hay algunos libros que por sí mismos llaman la atención. Libros donde la ficción se confunde con la realidad, textos que tienen el apodo de “estudio” y hablan con seriedad del mundo fantástico que existe más allá de donde podemos ver. De ello hay incontables ejemplos en Bestiarios clásicos y medievales, en Historias Naturales, como la de Plinio el Viejo, o en libros de viajes como el de Marco Polo.
Pero sin duda, cuando de fairies se trata, Robert Kirk se lleva las palmas. La comunidad secreta no es un libro en sí, es más bien un conjunto de manuscritos y anotaciones del clérigo que, sin duda, pretendía transformarse en un libro, ¿Por qué nunca lo llevó a cabo? Tal vez porque al final de sus días fue arrebatado del mundo por los fairies durante un paseo nocturno.
Apareció muerto sobre la Colina de las hadas. Alguien dijo que no era él, que era un “doble”.
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De la memoria

Recuerdo haber leído un cuento de Borges, creo que aparece en Ficciones, que trata de Funes, un tipo que guarda memoria de absolutamente todo, cada detalle de cada cosa, cada tono de cada sonido, cada matiz de cada olor. Por su profusa memoria construye un mundo infinito en su mente, un mundo que por vasto es un monstruo deforme e ilimitado. El ejercicio acá es buscar lo contrario, hacer presente la memoria real y palpable, la que se rompe y se fragmenta en episodios que muchas veces, rellenados por la imaginación, terminan siendo completamente distintos a los que ocurrieron en la realidad del tiempo y el espacio limitados a un pasado. Sin embargo, nosotros les damos nueva forma y los recordamos de manera inconexa, insolvente e imprecisa, le otorgamos una nueva realidad, intangible y, por lo mismo, infinita.
De la literatura, como de todos los recuerdos, queda la trama y las sensaciones producidas mientras se leía. La primera tiende a sintetizarse cada vez más a medida que pasa el tiempo, hasta olvidarse casi por completo si no hay re lectura. Las sensaciones permanecen, como los sonidos u olores de otros recuerdos, y a partir de éstas (que pueden haber sido provocadas por la misma lectura o por factores externos que en el tiempo se unifican a la misma) reconstruimos la trama con poca fidelidad para la obra real, pero con gran exactitud para la que permanece en nuestro yo.