Lo Ideal a lo Real: Amor y Muerte en El Cancionero de Petrarca.

 

Arezzo Francesco Petrarca, autor de Il Canzionere es uno de los grandes poetas de la mal llamada Edad Media, responsable de la universalización de un estilo: el soneto, y gracias al cual, éste fue considerado la estructura más adecuada para la expresión del sentimiento amoroso. El Cancionero muestra las dos facetas de la poesía de Petrarca, el amor idealizado hacía la figura casi divina de Laura, y el choque de la realidad ante la muerte de la misma.
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The Hill

De la tremenda obra “Antología de Spoon River”, una espectacular declamación del poema más espectacular del libro (uno de los mejores que ha dado la poesía norteamericana).
El video no muestra mucho, pero la fuerza está en la voz. No sé quién declama, pero es un viejo cansado que da una sombría fuerza a unos versos dedicados al paso del tiempo y, por lo mismo, a la muerte.

A la luz de la Divina Comedia

De todos los viajes míticos y descensos infernales que podemos encontrar en la literatura y mitología universal,el más representativo, poderoso, oscuro y luminoso pertenece a la obra maestra del florentino Dante Alighieri. La Divina Comedia es, a la vez,viaje mítico, descenso al mundo de los muertos y retorno redentor por excelencia. Y es que justamente la fuerza poética de la obra radica en las impactantes imágenes mítico-oníricas, que cobran valor de realidad en cuanto son estados de la conciencia humana que se abre al conocimiento de las propias debilidades y fortalezas. Y digo mítico-oníricas (entendiendo por oníricas como fracciones de la consciencia y la inconsciencia) puesto que el viaje de Dante es tanto personal como colectivo. Es él quien asume la responsabilidad de visitar el inframundo, un lugar donde los personajes que se le cruzan son los por él conocidos, donde quién lo guía es su maestro espiritual en el mundo de las letras y quién lo llama es el amor de su vida que recientemente había muerto. Sin embargo las representaciones de estos mismos personajes en la obra dantesca aluden a estados del alma y la conciencia que son colectivos e irrenunciables a la humanidad toda. Cada personaje y suceso, por particular que sea a la visión medieval del florentino, representa un estado universal y permanente de los vicios y virtudes del espíritu humano de todos los tiempos y todos los espacios.

¿Por qué tan rebelde?


Hiende el cielo, y cual águila trabando
del cabello al impío, el Ángel fuerte
le sacude: “-¡Tendrás que someterte!
Soy tu Ángel bueno, ¿sabes?, y lo mando.
Tienes que amar, de mofa vil sin sombra
al pobre, al necio, al malo, al contrahecho,
para que, al paso de Jesús, tu pecho
tienda de caridad brillante alfombra.
Tu corazón no gastes: en ofrenda,
dáselo a Dios: en él su fuego prenda,
¡sólo placer de encanto duradero!”
Y el Ángel, tan furioso como amante,
le castiga con puño de gigante.
Pero él responde sin cesar: “-¡No quiero!”
          Charles Baudelaire, “El Rebelde”

Algunos poemas del Genji Monogatari

En la sociedad japonesa de la época Heian era moda y signo de cultura y distinción incluir poemas tanto en cartas como en conversaciones de toda índole, aunque ciertamente con más profusión en las lides amorosas. Se distinguía como persona culta y discreta (en el sentido clásico de la palabra: juicioso) a quienes eran capaces de improvisar y componer los poemas más bellos, e incrustarlos de manera precisa en el tema de la charla o en el tenor de la misiva. Por lo tanto en el Genji Monogatari los poemas abundan como parte constitutiva casi de cada dialogo y de toda la correspondencia. Aclaro que cada grupo de cuatro versos es un poema distinto. Para muestra, por supuesto, algunos ejemplos:

Los caballos de Aquiles

Cuando vieron muerto a Patroclo

que era tan valeroso, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban
a Patroclo al que sentían inanimado – destruido –
una carne ahora mísera – su espíritu desaparecido –
indefenso – sin aliento –
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenóse. “En las bodas de Peleo”
dijo “no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado caballos míos
desdichados! Qué buscabais allí abajo
entre la mísera humanidad que es juego del destino.
A vosotros que ni la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos”.- Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.

Konstantinos Kavafis, 1897.

Trad. Miguel Castillo Didier

Kavafis íntegro. Tajamar Editores, 2007. Santiago de Chile